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La domesticación es el segundo gran proceso que intervine en la formación del carácter de los perros. Fundamentalmente la domesticación consiste en la subordinación de una especie a otra, en este caso, de algunos grupos de la especie lobo a la especie humana. Hoy en día, desde el punto de vista zoológico, no se considera a los perros como una especie aparte, sino como formas domésticas de la familia de los lobos y esto incluye a todas las razas.
El proceso de domesticación debió darse hace unos 30.000 años. Existen registros fósiles de hace más de 20.000 años en los que ya se evidencia que los perros convivían en las cavernas con los humanos, pero seguramente los primeros encuentros sucedieron mucho antes. Entre las dos especies se daban en tiempos prehistóricos notables similitudes en cuanto a su estrategia de supervivencia. Ambas eran especies de cazadores sociales, es decir que se organizaban en manadas o clanes, con una bien definida estructura jerárquica. Ambas cazaban una gran variedad de presas, algunas de gran tamaño como venados y alces, otras medianas como cerdos y jabalíes y cuando la necesidad apremiaba se incluían en la dieta pequeños animales como conejos, ardillas y ratones. Tenían enemigos comunes, como eran los grandes felinos. Su estrategia de caza era similar, aunque sus armas eran diferentes. El lobo usaba su olfato para localizar a las presas, luego en el caso de presas grandes y medianas, la manada trabajaba en grupo para acorralarlas, a continuación presionaban hasta lograr que una se separara del rebaño. Aprovechaban en seguida su gran resistencia para perseguirla hasta agotarla y finalmente usaba sus poderosas mandíbulas y dientes para matarla. El hombre se valía de su inteligencia superior para fabricar armas tan eficaces como las lanzas y las flechas, pero seguía una estrategia similar para emboscar a sus presas.
No obstante estas mismas similitudes han hecho a los hombres y a los lobos competidores en un mismo entorno, lo que ha constituido la mayor desgracia para la especie lobo, en su forma salvaje, que se encuentra por ello al borde de la extinción. Pero el lobo tuvo una estrategia alterna, que abrió un camino de contacto entre las dos especies, que han marchado desde entonces en maravillosa unión a través de los tiempos, Esta estrategia fue la domesticación. Una hipótesis es que probablemente algunas manadas pequeñas de lobos, o lobos solitarios que habían sido separados de sus manadas, empezaron a seguir a los clanes humanos, para procurarse una cena más fácil con las sobras de las cacerías de los humanos.

Posiblemente se ubicaban a prudente distancia y se acercaban cuando los hombres se retiraban o dormían. De pronto un lobo joven, menos tímido que el resto de su grupo, empezó a acercarse un poco más. Un humano le arrojó un hueso para espantarlo. El lobo tomó el hueso y empezó a roerlo. El hombre intrigado le arrojó otro hueso, esta vez en forma más curiosa que agresiva y se repitió el proceso varias veces. Cuando el hombre se levantó y empezó a retirarse, el lobo lo siguió, pues en su mente ya lo percibía como un individuo alfa, que podía procurarle alimento.
Quizás así se produjeron los primeros contactos y se inició el proceso de domesticación. Otra hipótesis es la adopción de cachorros de lobo por parte de clanes humanos, cuando la loba moría o por alguna razón los cachorros eran abandonados por la manada. La inserción de estos lobos domésticos dentro de los clanes humanos representó una gran ventaja para nuestra especie, pues el lobo tenía cualidades que complementaban a las del hombre. Su olfato muchas veces superior al nuestro, permitía seguir en forma más efectiva a las presas. El lobo doméstico ayudaba a acorralar y derribar la presa, evitando no pocos riesgos a los humanos. Este mismo gran olfato, complementado por el fino oído del lobo, alertaba a los humanos de la presencia de merodeadores extraños, como felinos, o clanes humanos rivales o incluso manadas de lobos salvajes, a quienes ayudaba a enfrentar con valentía y arrojo.
En algunos casos, especialmente en las zonas nórdicas, seguramente también el lobo doméstico, o perro, colaboró como animal de tiro. Quizás esta simbiosis hombre perro, fue un factor definitivo para la supervivencia de nuestra especie en la remota prehistoria. Un aspecto clave de la domesticación, es que los individuos que se insertaron en los clanes humanos, ya fueran cachorros adoptados por el clan, o lobos jóvenes que se acercaron y permanecieron en él, debieron ser individuos menos tímidos y aprehensivos que el común de su especie y con cierta mentalidad juvenil que le permitía adaptarse a nuevas condiciones y experiencias. Un lobo adulto con su carácter ya completamente formado, es receloso y desconfía con justa causa de su competidor ancestral, el hombre. Seguramente un lobo adulto no se habría sometido al proceso de domesticación. En el próximo artículo nos referiremos a este aspecto al hablar de la Neotenia, una de las teorías más aceptadas para explicar la formación de las diferentes razas, la cual aclara en gran medida los diversos comportamientos de cada una de ellas.
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